Alimentación y conducta

[:es]Este enigmático título tiene una explicación muy sencilla: la conducta de nuestros querid@s peludos depende, básicamente, de su estado emocional porque: primero es la emoción y después la conducta; me explico:

  • Nadie se pelea y después se enfada.
  • Nadie salta de un edificio en llamas y después siente pánico.

Los ejemplos son muy claros:

  • Primero nos enfadamos y después peleamos y
  • Primero sentimos pánico y, como consecuencia de ello, saltamos del edificio en llamas.

La reacción particular de cada cachorro tiene un fuerte componente genético, pero también la influencia del entorno puede modificar el umbral de respuesta hacia un estímulo y, existe un tercer factor que también puede influir decisivamente, ¿cuál es?: la alimentación. Sí, efectivamente, la nutrición específica que elijamos para alimentar a nuestros pelud@s puede influir tanto en sus reacciones como en el grado de respuesta. Os preguntaréis cómo es eso posible y la respuesta es muy simple: porque algunos nutrientes tienen un gran efecto en la conducta de nuestros pelud@s; veamos un par de ejemplos:

  • Algunos aminoácidos esenciales (que componen las proteínas pero el organismo del perro no puede sintetizar) son precursores de neurotransmisores relacionados con la sensación de bienestar e influyen decisivamente en los procesos de relajación emocional y los ciclos de vigilia – sueño.
  • Algunas vitaminas del grupo B son totalmente indispensables para un correcto funcionamiento del sistema nervioso central.

Con esta pequeña información ya tenemos claro que la alimentación que administremos a nuestros pelud@s puede influir decisivamente en su estado emocional y, por lo tanto, en conducta puesto que, como hemos señalado al inicio del presente artículo: primero es la emoción y, como consecuencia, la conducta.

Como siempre, la clave está en que la comida elaborada que elijamos para alimentar a nuestro querido amigo de cuatro patas, debe contener los principios nutricionales más adecuados y en una óptima relación de proporciones entre ellos porque, si la proporción no es adecuada pueden producirse problemas como:

  • Una deficiencia en la ingesta de Zn (Zinc), puede provocar problemas de crecimiento, debilidad del sistema inmunológico, dermatosis, etc.
  • La deficiencia de magnesio también puede producir problemas serios tales como: debilidad, temblores, calambres y dolores musculares, etc.
  • Un desequilibrio en la ingesta de Ca (Calcio) y P (Fósforo) puede desembocar en problemas en las articulaciones así como afectar negativamente a la densidad de los huesos.
  • Una alimentación que no contenga los aminoácidos esenciales que necesitan nuestros compañeros pelud@s, influirá negativamente en la producción de serotonina, que es el neurotransmisor responsable de la sensación de bienestar y que, además, influye decisivamente en la producción de melatonina, que es muy eficaz en combatir los estados emocionales de ansiedad y también es la responsable de los ciclos de vigilia – sueño.

Por lo tanto, como vemos, la comida elaborada que elijamos para alimentar a nuestros pelud@s, puede influir decisivamente en aquello que, aunque no se ve: si está, que son las emociones que, a su vez, son precursoras de la conducta de nuestro querido peludo y, naturalmente, nadie queremos ver a nuestro compañero canino en un estado de ansiedad y/o aceleración conductual que le impiden sentirse emocionalmente calmado o descansar adecuadamente.

Un estado de aceleración emocional se traducirá en un comportamiento acelerado y errático  en el que nuestro pelud@ dará muestras de no sentirse agusto en ningún sitio, se moverá sin cesar, no descansará adecuadamente, etc. Esta situación, si no la atajamos a tiempo, puede desembocar en un cuadro que los especialistas conductuales denominamos “energía nerviosa”; naturalmente, puede deberse a factores genéticos y/o ambientales pero, si le procuramos una alimentación óptima, habremos dado un gran paso para ayudarle.[:en]This enigmatic title has a very simple explanation: the behaviour of our furry friends essentially depends on their emotional state because emotions come first, and then behaviour. Let me explain at bit more:

  • Nobody gets into a fight and then gets angry.
  • Nobody jumps out of a burning building and then starts to panic.

The examples are very clear-cut:

  • First, we get angry and then we fight.
  • First, we start to panic and then we jump out of the burning building.

Each puppy’s individual reaction has a significant genetic component, but environmental influences can also modify the response threshold towards a stimulus. And then there’s a third factor that can also have a decisive influence: diet. Yes, you read right, the specific diets that we choose for our four-legged friends can influence both their reactions and their degree of response. You might be wondering how this is possible, yet the answer is actually very simple: some nutrients have a major effect on our dog’s behaviour. Let’s have a look at some examples:

  • Certain essential amino acids (which make up proteins, but which a dog’s organism cannot synthesise) are precursors of neurotransmitters related to the sensation of well-being and have a major influence on the processes of emotional relaxation and sleep-wake cycles.
  • Some B vitamins are absolutely essential for the correct functioning of the central nervous system.

This snippet of information already shows that the diet we feed to our furry friends can decisively influence their emotional state and, therefore, their behaviour. This is, as we pointed out at the start of this article, because emotion comes firsts and then leads to behaviour.

As always, the key lies in the prepared food that we choose to give to our beloved dogs. It must contain the most appropriate nutritional ingredients and in an optimal proportion, as otherwise this may lead to problems such as:

  • A deficiency in zinc (Zn) intake can trigger growth problems, weakness of the immune system, dermatosis, etc.
  • Magnesium deficiency can also lead to serious problems such as weakness, tremors, muscle cramps and pains, etc.
  • An imbalance in calcium (Ca) and phosphorus (P) intake can lead to joint problems and also adversely affect bone density.
  • A diet that doesn’t contain essential amino acids will negatively influence the production of serotonin, which is the neurotransmitter responsible for the feeling of well-being and also has a major influence on the production of melatonin. This, in turn, is very effective in combating emotional states of anxiety and is also responsible for sleep-wake cycles.

As we can see, the prepared food that we choose to feed our dogs can have a decisive influence on anything that is there even if it can’t be seen. In other words, we’re talking about emotions, which are precursors of our four-legged friend’s behaviour. It goes without saying that nobody wants to see our canine companions in a state of anxiety and/or jittery behaviour that prevents them from feeling emotionally calm or sleeping properly.

A state of emotional acceleration will result in a jittery and erratic behaviour in which our furry friends will show signs of not feeling comfortable anywhere, will move around incessantly, will not rest properly, etc. This situation, if we fail to tackle it in time, can lead to a condition that behavioural specialists call ‘nervous energy’. Of course, this may be due to genetic and/or environmental factors, but providing our doggies with an optimal diet will be a major step towards helping them.[:]